Reflexión final de la implementación del proyecto (Reto 4.6)
En esta sexta y última entrada del reto quiero hacer una reflexión para cerrar la fase de implementación del proyecto de intervención psicopedagógica desarrollado en el centro Hipoterapia Luna de Aragón. A lo largo de estas semanas he tenido la oportunidad real de poder contrastar la teoría con la práctica, analizando mis propias competencias como futura psicopedagoga.
A continuación, os dejo mi reflexión sobre los aprendizajes adquiridos, las dificultades encontradas, lo que me llevo del equipo interdisciplinar que me ha acompañado y los ajustes que hemos ido realizando, contribuyendo así a la construcción de mi propia identidad profesional como psicopedagoga.
Uno de los grandes aprendizajes que me llevo de la experiencia es comprender, que pese a que toda intervención psicopedagógica debe estar diseñado desde un punto teórico, saber adaptarlas de forma flexible en base al contexto y a la realidad de los usuarios, el equipo de profesionales y el entorno, es la base para que la intervención sea útil. En mi caso, la implementación de rutinas visuales, tiempos de pausa y refuerzos positivos, me han permitido observar cómo pequeñas acciones coherentes y consistentes pueden generar cambios significativos en la conducta, la atención y la regulación emocional de los usuarios.
Otra gran lección ha sido el aprender a leer la conducta desde una mirada comprensiva, entendiendo que respuestas desadaptativas no son un problema a resolver, sino una forma de comunicación ante una situación, que no saben expresar de otro modo. Desde esta perspectiva, hemos trabajado para preservar el vínculo terapéutico e intervenir desde el acompañamiento, no desde el control y el castigo.
Durante la implementación del proyecto, han ido surgiendo dificultades propias de trabajar en un contexto real. La más llamativa ha sido la heterogeneidad de los usuarios, la capacidad de adaptación que requiere de un profesional trabajar con un usuario con TDAH, seguido de un usuario con Síndrome de Rett y justo después con una persona con parálisis cerebral. Todo ello, teniendo en cuenta que cada usuario tiene unas necesidades muy específicas y responde de forma diferente a las actuaciones planteadas. Esto me ha exigido mucha observación y toma de decisiones fundamentadas.
Otra dificultad es la gestión del tiempo durante la sesión, ya que introducir nuevas estrategias sin alterar el ritmo habitual de las sesiones de hipoterapia, requiere de planificación, coordinación con el equipo y sensibilidad hacia los usuarios.
Uno de los aspectos más enriquecedores de mi paso por el centro, ha sido el trabajo interdisciplinar, formar parte de un equipo con formaciones diferentes, pero que trabajan en conjunto para lograr grandes hitos. La colaboración constante con Raquel y Marcos me ha permitido comprender la importancia del asesoramiento psicopedagógico dentro de un equipo, no como una mera intervención aislada. Las reuniones informales entre sesiones y al acabar la jornada y la revisión conjunta de los casos, han sido fundamentales para ajustar las actuaciones y mantener coherencia en la intervención.
He aprendido que el rol del psicopedagogo en este contexto pasa por escuchar, valorar y acompañar, respetando siempre el conocimiento y las aportaciones del resto de profesionales, aportando una mirada global que integre lo emocional, lo conductual y lo educativo.
Otro elemento que me ha llamado mucho la atención para bien de cómo se trabaja en el centro es que el diagnóstico, pese a estar presente, no representa la forma de trabajar con los usuarios. No se etiqueta a los usuarios, no estigmatizan conductas, priorizan la intervención desde el cuidado, la empatía y la dignidad de la persona, trabajando siempre desde sus necesidades individuales, sin tener en cuenta, el diagnóstico con el que llegan.
Con la implementación del proyecto, he comprendido más si cabe la importancia de actuar desde la ética y lo dispuesto en el código deontológico, entendiendo que cualquier intervención requiere de buscar el bienestar del usuario y adaptarnos a las posibilidades reales del contexto, sin imponer cambios que se puedan percibir como invasivos o poco sostenibles.
Como conclusión, esta experiencia ha sido clave en la construcción de mi identidad profesional como psicopedagoga. Me llevo una mayor seguridad en mí misma y mi capacidad para enfrentarme a contextos reales y una gran convicción de que la psicopedagogía tiene un papel fundamental en un contexto tan único y poco conocido como es la hipoterapia.


Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.